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El duelo romántico: por qué a veces una ruptura duele más que una muerte

Ana se encuentra tomando su café con la mirada perdida. Siempre se sienta en el lado izquierdo de la mesa, deja el lado derecho libre, aquel en el que David solía sentarse. David y Ana cortaron hace más de un año, pero ella siente que no ha pasado el tiempo. Sigue echándolo tanto en falta como el primer día, o quizás más. Caminar las calles de Madrid se ha vuelto una tortura para ella, cada rincón que visitaron juntos es un recordatorio de su ausencia. En casa la cosa no es mejor, la mesa donde solían desayunar, su lado del sofá, las sábanas que entonces compartían...todo le recuerda a él. La cosa va por días, a veces, apenas se acuerda de él y piensa que ya lo ha olvidado, y justo entonces todo vuelve de golpe...los recuerdos de la relación, el dolor por la ruptura...Siente que está estancada y que ha perdido el control de su vida; no sabe cómo seguir adelante sin él...



¿Te suena esta situación? Cada quien a su momento, pero a casi todas y todos nos ha tocado superar una ruptura. A menudo varias. Algunas veces, se sigue adelante sin mayor dificultad tras unos días, en cambio, otras el tiempo parece no pasar y el sufrimiento va acrecentando...¿Qué factores influyen en que superemos o no una ruptura? Veámoslo:


LAS FASES DEL DUELO ROMÁNTICO

Cuando hablamos de duelo, siempre pensamos en una muerte, sin embargo, cualquier pérdida con peso emocional,  y especialmente las rupturas amorosas, requiere un proceso: el de aceptar la nueva realidad y adaptarse a esta.

El duelo no es otra cosa que el proceso por el que la mente asume y registra una pérdida y se adecua al cambio de situación: la ausencia de la persona querida. Es muy importante entender que cada persona tiene una forma particular, marcada por su propia idiosincrasia y sus aprendizajes, de experimentar las distintas pérdidas. Si ha fallecido un ser querido o has roto hace poco con tu pareja y, sin embargo, te encuentras bien, no te preocupes. No necesariamente estás reprimiendo nada, quizás simplemente la significancia que para ti ha tenido esta pérdida, por lo que sea, no es tan desafiante emocionalmente; y eso es perfectamente válido y normal.

La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross describió en 1969 este proceso en cinco fases: negación, ira, frustración, depresión y aceptación. Antes de explicar las fases del duelo, es importante que entendamos que, más que fases, son emociones habituales que transitamos ante las pérdidas. Cada persona es un mundo y no todxs las sentiremos todas ni en ese orden. Su clasificación en fases es artificial y nos sirve para acercarnos un poquito a este fenómeno, pero no debemos entenderlo como una "norma" ni como algo que se espere de nosotras.


FASE 1: NEGACIÓN

Al cerebro no le gusta cambiar de ideas. Gasta muchos recursos y energía en crear "esquemas" de las situaciones cotidianas y del mundo desde los que poder comprender la realidad y saber cómo actuar en cada caso. Si de pronto alguien te dice que llevas toda tu vida equivocado y que las manzanas son azules...¿Cómo reaccionarías? Seguramente te quedarías en "shock" y te negaras a aceptarlo por muchas manzanas azules que te mostraran.

Con las rupturas pasa lo mismo. Es habituak que, en un primer momento, ante la "noticia" de la ruptura entremos en "shock". No puedemos entender que nuestra persona más cercana ya no esté. Ante este shock, el cerebro reacciona negando esta nueva realidad. Esa negación se traduce en pensamientos como "esto no puede estar pasando", "no me creo que esto se haya acabado aquí", o "no puede ser que ya no me quiera".

Como el resto de las fases, la negación es totalmente normal, no obstante, estancarse en esta fase puede traer una serie de problemas para la persona dolente.

Efectos de estancarse en la negación: con el tiempo, la persona puede desarrollar obsesión o pensamientos repetitivos relacionados con la expareja, caer en la desesperanza al no verse cumplidas las expectativas de regreso o negarse la posibilidad de establecer nuevos vínculos románticos al continuar esperando el regreso de la expareja.

Señales de encontrarse estancado en esta fase: racionalizar lo sucedido en exceso, continuar como si nada hubiera pasado aunque, en el fondo, nos sintamos devastadas, poner el foco de la culpa en la otra persona, minimizar cómo nos sentimos ante la ruptura, negarse a hablar o evitar pensar en el tema o convencerse, sin indicios, de que la ruptura es temporal y habrá una vuelta.

Si detecto que estoy en esta fase...¿Qué hago? es importante centrarse en la aceptación de la situación tal y como es en el momento presente. Aferrarse a la idea de una vuelta puede resultar muy dañino. A menudo, una estrategia que funciona es ponerse un tiempo límite de esperanza y asumir el compromiso de aceptar la ruptura como definitiva llegado ese momento. Por ejemplo, Ana pudo ponerse de límite un mes de espera por si David cambiaba su decisión y al cumplirse el mes, aceptar que la relación está rota y continuar con su duelo.

Además, es de una enorme ayuda cortar todo contacto con la expareja y deshacerse o guardar en un sitio no accesible todos los objetos que nos recuerden a nuestro ex. Además, pide a las personas de tu entorno que no te hablen de ellx y que no te cuenten nada de su vida.


FASE 2: LA IRA

Tras la fase de la negación, una vez que nuestro cerebro toma conciencia de la pérdida, es común que reaccionemos con emociones de ira o enfado. Estas emociones son completamente naturales. Son la reacción del organismo ante la frustración de entender que no hay nada que esté en nuestra mano para revertir la situación.

La ira puede ser canalizada hacia la pareja, hacia la situación, hacia nosotrxs mismxs e incluso hacia terceras personas, dependiendo de a quién o a qué culpemos de la ruptura.

Aunque la ira es una emoción más, es muy demandante de nuestra energía y puede volverse disfuncional si, en lugar de asimilarla, nos aferramos a ella.

Efectos de aferrarse a la ira: estancarse en la fase de ira puede derivar en acritud, en una actitud vital marcada por el pesimismo y el escepticismo hacia las relaciones humanas e incluso a que las personas cercanas tomen distancia de nosotr@s para protegerse.

Señales de encontrarse estancado en esta fase: ya no crees en el amor, solo recuerdas los momentos negativos de la relación, te sientes rabiosx al ver a otras parejas que parecen felices, rechazas las muestras de afecto de otras personas o tienes reacciones de rabia que te cuesta comprender.

Si lo detecto...¿Qué hago? la rabia es una emoción que nos invita a la acción. Cuando aparece, su función es que nos movamos en una dirección distinta a la que veníamos tomando. Encontrarse en esta fase es señal de que nuestro cerebro está procesando el duelo y no es necesariamente negativo, pero cuando esta emoción se alarga demasiado en el tiempo, nos empieza a limitar o traer problemas en otros ámbitos de nuestra vida. Cuando esto es así, es recomendable hacer un acto simbólico de aceptación y perdón (desde una comunicación con la expareja hasta una carta ficticia) y marcarnos una "hoja de ruta" para continuar adelante (por ejemplo, planificar qué vamos a hacer durante la soltería o qué pasos dar para conocer a otras personas si es lo que se desea).


FASE 4: DEPRESIÓN

Cuando nuestro cerebro no ve ninguna solución posible, deja de actuar. Esto es lo que lleva a las emociones de tristeza, apatía y depresión de esta fase del duelo. En realidad, es el comienzo de la aceptación y de la sanación de la herida, pero para que esto pueda suceder, necesitamos transitar por el dolor. Nuestro cerebro asume, al fin, que la relación está rota y es irrecuperable y entonces aparecen sentimientos de pérdida, dolor, nostalgia e incluso síntomas depresivos.

Efectos de estancarse en la depresión: la tristeza y la apatía son emociones que nos invitan, por un lado, a apartarnos para reflexionar e integrar la experiencia para así poderla sanar, y por otro, a despertar en los demás empatía para recabar el apoyo emocional necesario para superar el bache. Sin embargo, si estos sentimientos se vuelven tan intensos o persistentes como para incapacitarnos y poner en riesgo aspectos importantes de nuestra vida, o si caen en una apatía tal que no encontramos el impulso para seguir con nuestras vidas o hacer las tareas cotidianas, es posible que necesitemos una linterna para descubrir dónde está la salida.

Señales de encontrarse estancado en la tristeza: a pesar de que ha pasado ya un tiempo, te encuentras constantemente triste; no tienes ilusión por nada; te da la sensación de que estás "anestesiado" emocionalmente; no disfrutas de las actividades que antes te gustaban; estás comiendo en exceso o no eres capaz de comer; sufres mucha ansiedad o nerviosismo, te cuesta conciliar el sueño o duermes de más....

Si detecto que estoy en esta fase...¿Qué hago? Para superar esta fase, primero, permítete sentir y explorar sin miedo el dolor de la pérdida. Tras ello, procura socializar aunque no te apetezca, haz aquello con lo que antes disfrutabas aunque no te apetezca (te apetecerá cuando insistas, te lo prometo) y rodearte de personas que te apoyen. Si los síntomas no remiten, busca ayuda de un profesional.


FASE 5: ACEPTACIÓN

No hay mal que cien años dure y nadie que muera de amor. En esta fase del proceso de duelo, aunque puede ser doloroso, si sigue el curso normal, finaliza tarde o temprano y la persona afectada por la pérdida recupera su estado emocional y psíquico habitual. La persona termina por aceptar la pérdida y acostumbrarse al nuevo estado, de modo que ya no la percibe ni sufre por esa carencia. Sin embargo, en función de cómo transcurra, podemos salir más o menos heridos, continuar como veníamos estando antes de la relación o aprender de la experiencia y crecer con ello.


¿Piensas que podrías necesitar ayuda con una pérdida reciente? Agenda tu llamada gratuita y descubrámoslo juntas.

 
 
 

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